DESINTOXICAR
"Eliminar en una persona los efectos tóxicos que le ha provocado una sustancia en mal estado, un veneno o una droga."
Me llama la atención cómo una definición científica también puede aplicarse a lo empírico, a lo que no se ve pero se siente. A eso que nos pasa y no siempre entendemos. El cuerpo también se intoxica con cosas de las que no somos plenamente conscientes: palabras, acciones, malas intenciones, pensamientos negativos, recuerdos...
Se intoxica con aquello que no decimos y se queda guardado en el corazón, en el alma. Y aunque queramos olvidar, yo creo que en realidad somos recolectores de todos esos momentos que vivimos, de los deseos, de los sueños. Así vamos por la vida acumulando experiencias sin detenernos a clasificar lo que nos hace bien o mal.
Porque todo lo que sentimos y atravesamos, en algún momento, nos sirve: nos enseña. Muchas de nuestras acciones responden a situaciones pasadas, ya sea de forma consciente o inconsciente, pero que igualmente nos marcaron.
El alma también se intoxica y, tarde o temprano, explota. Lo que no decimos se queda dentro, ensuciando cada parte de nuestro ser. Ese es el veneno. Todas esas cosas juntas se convierten en la droga que nos contamina.
Entonces me pregunto: ¿cómo me desintoxico?
Si estamos rodeados de situaciones inevitables, de experiencias que van a suceder sí o sí… porque la vida es prueba y error, acción y reacción.
Mi propia respuesta a esa pregunta es: dejar ser.
Sentir lo que tenga que sentir. Si estoy feliz, si estoy triste, si algo me preocupa… lo mejor que puedo hacer es permitirme sentirlo. Todo es pasajero.
Una vez leí una frase de un filosofo, en uno de los tantos libros que aún no terminé: "Todo fluye, todo está en movimiento y nada dura eternamente. Por eso no podemos descender dos veces al mismo río, pues cuando desciendo al río por segunda vez, ni el río ni yo somos los mismos".
Yo lo aplico al espíritu del ser.
Así lo entiendo: si todas las cosas que vivo van a pasar por mí, generando algo, y luego se van… entonces me permito darles lugar.
O al menos, así lo veo yo. Porque todos somos distintos, y cada quien procesa sus emociones a su manera.
Al fin y al cabo, cada uno encontrará su forma de desintoxicarse.
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