Cartas de Julieta

Buenos Aires.
13 de agosto de 2025.


Necesito confesarte algo. No sé cómo lo vas a recibir, ni qué vas a hacer después de leerme. Me da miedo tu silencio, me da miedo tu distancia. Pero aún con ese temor, prefiero arriesgarme: cargar con esto sola me pesa más que la posibilidad de perderte.
Es como llevar una mochila invisible, llena de piedras que se multiplican cada día. No me duele el cuerpo, me duele el alma. Y sinceramente, estoy agotada.

Hace tiempo que no logro dejar de pensar en vos. Te juro que quisiera no hacerlo, intento escapar de esos pensamientos, distraerme, ocuparme con cualquier cosa con tal de borrarte, pero no hay distracción suficiente, no hay ciencia, ni teoría, ni hábito que logre arrancarte de mi mente. Es nadar contra la corriente. Cuanto más lucho por soltarte, más nítido volvés. A veces creo sentirte con todos los sentidos, como si realmente estuvieras acá.

Me pregunto: ¿por qué quiero alejarte? La respuesta es brutalmente simple: por que creo que lo nuestro nunca podría existir fuera de mi imaginación. Pero entonces me descubro dudando de esa misma idea. ¿Quién soy yo para decretar imposibles? Si no tengo la certeza de que nunca vamos a estar juntos.

¿No es extraño? ¿Cómo se puede sentir tanto por alguien a quien no se conoce tan profundamente? 

Sí, sé que puedo estar idealizando. Tal vez seas la proyección de lo que mi corazón busca. Mi tan aclamado "hombre ideal". Pero tus palabras —“no me idealices”— siempre vuelven a ponerme en eje, me bajan a tierra firme. Y, aun así, después de cada bajada, seguimos encontrándonos.

Con vos puedo ser extraña, honesta, vulnerable. Y nunca huyo de tu mirada, porque no me juzga, no me ata. Me das la libertad de elegir quedarme.

Te admiro en tu sensibilidad, en esa manera de sostenerla como una convicción diaria. Esa constancia tuya con la vida me asombra y me atrae. 
Lo vi con mis propios ojos, vi como tu ternura envolvía un momento en el que yo estaba rota. En ese instante, fuiste un refugio para mi. Fuiste hogar. Sentí paz absoluta.

Cada vez que te imagino a mi lado, me siento completa. No porque llenes un vacío, sino porque conmigo misma florece una versión más luminosa.
Cuando estás, las heridas se apagan. Solo queda lo esencial: la conexión pura.
Libre.
Luminosa.


J.





Comentarios

Entradas populares de este blog

DESINTOXICAR

Abrir el corazón y exponerse, mi primer blog (con miedo)