La lógica de las emociones
Hoy, en mi sesión de terapia, abrí el corazón y dejé salir todo lo que tenía adentro. Lloré. Lloré mucho. Pensé que había encontrado la razón detrás de una situación que me tenía muy angustiada. Estuve todos estos días tratando de darle sentido a lo que me estaba pasando. Lo analicé, lo pensé, lo refuté. ¿Yo? Analista de mis propios sentimientos ¿Por?
Cuando terminé de hablar —rota en llanto, por supuesto—, la terapeuta me dice que eso que acababa de explicar era, en realidad, una muestra más de que me estoy boicoteando. No usó esas palabras exactas (no les puedo contar qué palabras dijo literalmente, por que tendría que darles mucho contexto y tampoco quiero exponerme tanto ni exponer a otrxs), pero fue más o menos eso. Me dijo que tenía que hablar de mí, sin destruir la imagen de alguien más —una imagen que, encima, yo misma creé—. Me dijo que tenía que hablar desde mis sentimientos. Y ahí me pregunté: ¿cómo? ¿Esto no era acaso hablar desde mis sentimientos? ¿Acabo de dejar mi alma llorando ahí y me decís que no estoy hablando de lo que siento? Yo realmente pensé que ese era mi mejor intento de abrirme emocionalmente... ¿y resulta que no?
Tengo únicamente media hora para expresarme. Media hora que cuesta veinticinco mil pesos. ¿Y me estás diciendo que lo que acabo de decir no fue hablar de mis sentimientos? ¿Entonces qué fue?
Primero que nada, quiero decir que me sentí completamente humill-hada ante mi terapeuta. Me sentí cuestionada, y que todo lo que le conté fue en vano. ¿Qué esperaba, no? Supongo que, en algún punto, esperaba que me dé la razón en todo: "¡ABRISTE LOS OJOS, QUERIDA!" o que al menos diga: "Entiendo lo que sentís, veámoslo juntas. Vamos desarticulando todas estas ideas..." No sé si es su forma de abordar la terapia, si es su forma de abordar la terapia conmigo ¿así será con sus otros pacientes? no sé si es cómo la percibo yo, o qué. Pero no me sentí para nada apoyada. ¡En mi propia terapia! ¡De veinticinco mil pesos! Aaaaaaaa.
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| VEINTICINCAAAAAAAA |
La parte lógica de mí dice: ¿Qué esperabas? ¿Que un proceso terapéutico es pagarle a alguien para que te dé la razón? Y en cierto punto... sí. Bueno, no. No funciona así. Uno tiene que confiar en el profesional, se supone.
¿Ven? La teoría la tengo. ¡Me encanta! Banco. Ahora, ¿para aplicarla? bueno, ni idea.
No saben la cantidad de apuntes que tomé, lo mucho que leí, lo que lloré, lo mal que estuve estos días… para llegar hoy y sentir que todo lo que sentí pareciera no ser real. No me digas, ¿es el inconsciente actuando... otra vez? ¿De nuevo? Ósea ¿esto es un tire y afloje entre la parte consciente e inconsciente de mi cerebro? No, bueno…
Pero ¿y si en vez de buscarle lógica a todo lo que siento, empiezo a contar cómo me siento, sin intentar entender por qué? Just... confiar. Decir: “Me siento confundida” y listo, sin tener que desarmar el origen, sin justificarlo. Aceptar la emoción de confusión y ya.
Pero, ¿cómo hago para aceptar una emoción sin ser lógica? Hola, Géminis. Análisis, racionalidad, todo el tiempo. Es imposible no analizar lo que me pasa, las interacciones, los vínculos. ¡Si me encanta! Me fascina analizar todo.
Esta semana, además, me di cuenta de que soy una ciencias sociales girl (jaaa). Me gustan todas las ramas: antropología, sociología, psicología, filosofía, biología… todo lo que tenga que ver con el desarrollo y la existencia humana tiene mi atención.
Entonces, ¿cómo dejo de hacer algo que me encanta? Y encima si se trata de mi propia presencia en este planeta tierra. Si el objeto de estudio soy yo. ¿Qué más me puede gustar si soy una egocéntrica del carajo? Siempre #autoreferencial.
Y ahí me pregunto: ¿será que la terapia psicoanalítica no es para mí? ¿Debería probar con la cognitivo-conductual? ¿Tendría que, metafóricamente, atarme las manos y los ojos en mi proceso terapéutico y hablar solo de lo que siente mi cuerpo? Me siento una pelotuda, así de simple. ¿A caso me monté un show dramático en mi propia sesión de terapia para querer justificar una decisión que no necesita ser justificada?

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