No es el color de la pared
Cuelgo cuadros
como quien intenta tapar una grieta en la pared.
Decoro esquinas,
mezclo colores,
intento que el mate parezca ritual
cuando en realidad es refugio.
como si bastara
para que me devuelva algo,
un estimulo, una alegría.
Entonces barro, ordeno, muevo el sillón,
compro pintura blanca
para tapar el ruido de mis pensamientos
Todo tiene un porqué,
pero nunca lo digo en voz alta.
El drama empieza en silencio:
una idea,
una incomodidad,
una vocecita que dice
"no hay color que tape la angustia".
Me hago preguntas que no quiero responder,
mientras hago cosas que nadie me pidió.
hacer para no sentir,
decorar para no hablar,
romantizar para no romper.
Y si me rompo,
que sea con gracia.
Que parezca un chiste.
Que duela con estilo pero siempre en silencio
Porque si lloro, exagero.
Si me río, nadie me cree.
Me cansé de hablar en código.
De disfrazar lo real
con ironía estética.
Aprendí a curarme sola
porque nadie supo quedarse
cuando dije la verdad a gritos sin camuflarme.
Y ahora,
me siento frente al desorden,
con una taza de té en la mano
¿las paredes? decoradas.
Parece paz.
Pero no lo es.
Es la tregua que me inventé
para no romperme.
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